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¡Aprendiendo a atarnos los cordones!

Ayer nuestra txiki mayor estrenaba botas. Todo un acontecimiento porque son el primer calzado con cordones que tiene. Estaba emocionada y plétorica... "¡son de mayores ama y tienen un poco de tacón! Mira, mira... ¿a que sí, amatxu?". Como podéis ver, es muy presumida y solo tiene ¡seis años!. Pues allá se fue, tan contenta para el parque a enseñarle a todos su amigos sus botitas nuevas. Lo que no nos podíamos imaginar  es que todo aquello desembocaría en una rabieta de dimensión infitita, o más.




Todo comenzó cuando se desató una de las botas, creemos que por curiosidad, para ver como funcionaba aquello. Le dijimos que no hacía falta que quitara los cordones todo el rato, que se iba a caer, que en casa ya le enseñaríamos a atarlos. Pero, erre que erre, que quería aprender a atarse las botas. Ya había oscurecido y se veía muy mal, pero estaba totalmente empecinada en aprender. Pues nada, al lío.

Se hace una oreja con un cordón, luego otra oreja con el otro cordón... se pasa por el agujerito, se estira y... ¡¡listo!!. Le debió parecer muy interesante y muy fácil, porque estuvo dale que te pego durante mucho rato, pero la lazada se la resistía. "Cariño, es que casi no se ve. Te enseñamos en casa, además tienes que practicar mucho, que a todos no ha costado un montón aprender...". Pero ella quería marcharse con la lección aprendida. "¡Yo sola, yo sola! ¡No me la ates tu, que yo puedoooo!!!". Pues imaginaos, fuimos para casa, casi a la rastra, con una tremenda llorera, gritos a tutipleni y con la bota desatada, por supuesto. Y de camino, me acordé de una manualidad muy chuli que había visto en internet y le dije: "Mira peque, si dejas de llorar, mañana, como va a llover, vamos a hacer un aparatito para que aprendas a atar los cordones sin problemas". Pareció gustarle la idea y hoy mismo, se ha puesto manos a la obra con su aita. Lo vais a ver, es muy fácil.
 
Solo necesitamos: un trozo de cartón, un lápiz, un punzón, unos cordones,  rotuladores y pinturas de colores y unos zapatos o zapatillas.

Lo primero que hacemos es dibujar en el cartón la silueta de los zapatos que hayamos elegido. De esta manera:


Después vamos pintar una hilera de puntos que simularán los agujeros por donde van metidos los cordones. Luego los agujereamos con el punzón.




Llegados a este punto, lo mejor sería pintar el dibujo e insertar luego los cordones, pero nuestra txiki ha querido meter primero los cordones (aaaaaaaainnnnnnns!!!!). Luego ha cogido los rotuladores y las pinturas y ha coloreado la  plantilla a su gusto.


Y con esto ha finalizado esta fantástica manualidad, ha pasado un rato muy entretenida y se ha puesto a utilizar su nuevo artilugio para practicar un montón de veces.


Y después del duro esfuerzo... ¿sabéis cuál ha sido el resultado? ¡¡¡ESTE!!! Oso ondo txikitxu!!